FENOMENOS EXTRAÑOS
Hoy, 6 de Octubre de 2022, me estreno como blogero. Y lo hago con la intención de que todo aquello que conozco sobre Aranjuez, mi lugar de nacimiento, sea a su vez conocido por aquellos que guiados por la curiosidad entren a leerme. Tucídides dijo en una ocasión que "la historia es un incesante volver a empezar", pero creo que se equivocaba. Al menos en cuanto a las historias que aquí vamos a contar, porque son retazos y pinceladas inéditas, al menos para la mayoría de mis convecinos, que creo que merecen ser conocidas y nunca olvidadas. A veces parecerán más una leyenda, una fábula, un chismorreo que un relato veraz, pero os garantizo que todo lo que aquí se diga será lo que en su fecha ocurrió. Y al hilo del comentario de Tucídides...empecemos.
Aranjuez, 19 de mayo de 1851. 6,00 de la mañana
¡Un volcán!, ¡Un volcán! ¡Ha
aparecido un volcán en Sotomayor! gritaban los más madrugadores del pueblo ese
día. Algún otro, con “información privilegiada”, negaba a los primeros el
hecho, y les contestaba: no hombre no, ¡ha sido un terremoto, que me lo ha
contado mi “cuñao” que estaba allí y ha visto como se movían los
cerros! Y es que un suceso inexplicable
vino a convulsionar los apacibles y tranquilos días posteriores al cumpleaños
del rey consorte Francisco de Asís. Las crónicas de la época decían de la noticia que: “Aquí,
ahora, lo que llama la atención, y se ha hecho la excursión de moda el
visitarlo, es el espectáculo que presenta cerca de la casa de Sotomayor, el
camino que va al pequeño pueblo de Oreja, distante de Aranjuez legua y media.
El día 19 a las seis de la mañana, ocurrió en dicho punto un fenómeno cuya
naturaleza da y dará lugar a no pocas conjeturas…” Las conjeturas no eran
baladís: desde el nacimiento del cráter de un volcán, hasta el haber padecido
la zona un terremoto, - que nadie había notado-
pasando por la explosión provocada por los gases de una mina
subterránea, e incluso que había pasado un huracán. El pueblo esos días, se encontraba
intranquilo.
El suceso lo describía el corresponsal del periódico “La España” en su
edición del 25 de mayo de 1851 de la siguiente manera: “ …el fenómeno ha trasladado a muchas varas del sitio que ocupaban
antes algunos árboles, que ha hecho otro tanto con trozos del camino, que ha
levantado el terreno en otros puntos y sobre todo, que ha quebrantado
profundamente un cerro inmediato, y ha hecho que se desgaje una gran parte de
él sobre el sitio que ocupó el camino, cayendo enormes pedazos de roca sobre el
antiguo lecho del Tajo. El aspecto general que presenta el conjunto es el del
destrozo causado por la explosión de un inmenso barreno de pólvora. El terreno
en bastante extensión, y en donde no han caído pedazos de rocas que pudieran
conmoverle, está como ahuecado en algunos puntos, aunque pocos y reducidos, y
con no pequeñas grietas en otros”. Y
continuaba: “Como no quiero hablar de causas,
sino de efectos, me abstengo de nombrar al terremoto, que aquí nadie ha
sentido, y menos a los volcanes, que tampoco se han visto ni se ven, y eso que
esas dos palabras, andan, como es
natural, en boca de todos.” Acababa el corresponsal su
crónica dando un último dato: “Nadie presenció dicho
fenómeno, sino un guarda del campo que estaba a unas cincuenta varas, y echó a
correr lleno de espanto. No ha sucedido otra desgracia que la de quedarse por
el pronto sin su antiguo camino para el Real Sitio, los pocos vecinos de Oreja”.
¿Qué había pasado? La población de Aranjuez quería respuestas. Algunos “científicos” y muchos curiosos se acercaban a los pies del castillo de Oreja para ver personalmente los efectos del “extraño fenómeno”. Otros diarios se hicieron eco de la noticia. El periódico monárquico “La Esperanza”, en su edición del día 28 del mismo mes, tras incidir sobre el lugar y efectos del suceso, ampliaba la noticia a sus lectores, donde se podía leer que: “El mal tiempo y la lluvia tan obstinada en estos días, como si estuviéramos en los meses más rigurosos del invierno, y como concurrencias lamentables, el lodo, que pone intransitables las calles de Aranjuez, no empedradas, sino terrizas, han encerrado a las gentes en sus casas durante estos últimos días, y han dejado desiertos los celebrados jardines y los hermosos paseos. Pero no ha impedido el mal tiempo que concurran los curiosos a presenciar los efectos del hundimiento […] un cerro de yeso ha venido por tierra, desplomándose bajo su propio peso, o por efectos de fenómenos subterráneos cuyas trazas no encuentra el ejercitado ojo de los naturalistas. Terremoto sin estremecimiento sensible, volcán sin lava ni señales de fuego, huracán sin viento, cualquiera, en fin, que haya sido la desconocida causa de esta extraña catástrofe, ello es que el terreno ha sufrido una revolución visible; que el camino de aquél pequeño pueblo se encuentra interceptado, y que la calle ha roto su alineación para ir a colocarse con sus árboles a largos pasos de distancia. Dejamos la explicación de este fenómeno a los geólogos, e invitamos a visitar sus estragos a los que gustan de los espectáculos poco comunes.”
Obviamente, este tipo de crónicas alimentaban la curiosidad y servían
para que los fanáticos de lo extraño quisieran conocer, de primera mano, qué
demonios había ocurrido en Aranjuez.
Y mucha presión social tuvieron que ejercer la prensa, los vecinos de
Aranjuez y el pequeño asentamiento de Oreja, para que el Ministro de
Fomento, Fermín Arteta, encargara a Juan
Manuel de Aránzazu, a la sazón Ingeniero Inspector Jefe de Minas, un estudio
pormenorizado de lo ocurrido, que dos semanas después del suceso entregó a aquél.
El exhaustivo dictamen determinó que ni volcán sin lava, ni minas subterráneas, ni huracán sin aire, ni terremoto sin temblor. El causante de todo fue “un corrimiento de tierras provocado por las torrenciales lluvias caídas semanas atrás, que filtrándose entre las grietas que durante años se habían ido ensanchando, debido a la porosidad de los sustratos, y a que el terreno contiene bolsas más o menos voluminosas de sulfato de cal (yeso) y al mismo tiempo capas sumamente delgadas de esta misma sustancia […] No habiéndome sido posible encontrar ninguna especie fósil en las citadas capas, me impide poder determinar la verdadera época de su formación, aunque creo pertenezcan a la época terciaria moderna. […] Según declaración de Tomás Pantoja, guarda de una posesión del Excmo. señor Duque de Riánsares, el fenómeno empezó a manifestarse como a las nueve de la mañana del día 19 próximo pasado, apareciendo primero como una gran lluvia de pequeñas piedras del escarpe vertical, y cuyo desprendimiento continuó hasta darle tiempo a retirarse de aquél sitio al medio de la dehesa, como a unas cien varas de distancia; poco después empezó a aumentarse el desprendimiento, produciéndose un gran ruido, semejante al de un trueno prolongado, levantando una inmensa columna de polvo; sosegada la polvareda, observó que el escarpe vertical del terreno había desaparecido, formándose otro nuevo, […] notó también el referido guarda, que los árboles que se hallaban al pie del camino de Oreja, habían cambiado de posición, avanzando unas diez varas más al norte”. Y finalizaba el informe diciendo: “…Por lo referido, se ve que el hundimiento que he descrito no ha intervenido acción alguna subterránea ni procede de terremoto, ni mucho menos de volcán, sino que es un fenómeno que se está repitiendo constantemente y que se repetirá con el tiempo”.
Aranjuez y Oreja podían ya dormir tranquilos.
Castillo de Oreja, antigua Aurelia.

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