SESIÓN DE ESPIRITISMO EN EL PALACIO REAL
En torno al año 1853 y proveniente de los Estados Unidos, llegó a España
desde Francia, la moda del espiritismo, y dentro de esta “ciencia” la
disciplina de “las mesas giratorias o mesas parlantes”, hoy llamada
telequinesis. En la credulidad de la época, era fácil suponer que una mesa que
giraba por sí misma, que levitaba, y que podía contestar a preguntas dando
golpes con las patas en el suelo era algo que provenía de los espíritus.
Aquella “moda” causó furor en la sociedad madrileña. En los distintos
establecimientos públicos y sociales de la capital madrileña -cafés, bares, restaurantes, casinos y
ateneos- se hablaba del asunto; incluso en algunos de ellos se llegó a poner en
práctica algún “experimento” al respecto.
Las sesiones consistían en sentarse un grupo de personas, siempre cuatro
o más, alrededor de una mesa y entrelazar los dedos meñiques de cada mano entre
los de los compañeros más inmediatos establecidos a la derecha e izquierda,
cerrar el círculo y esperar a que la mesa comenzase a oscilar o levitar por sí
misma. Esta espera podría durar hasta tres horas, dependiendo de la fuerza
magnética de las personas empleadas en el experimento. Para entender la escena,
el periódico La España en su edición del 10 de mayo de 1853, lo explicada de la
siguiente manera:
“Habían transcurridos 35 minutos desde que se principió el
experimento, cuando la mesa empezó a tambalearse con movimiento oscilatorio de
Sud a Norte, emprendiendo de improviso un movimiento de rotación de derecha a
izquierda. Levantáronse entonces las personas que formaban la cadena,
separáronse las sillas, y siguiendo el movimiento de rotación de la mesa, se
observó que la velocidad iba aumentando, que la mesa experimentaba movimientos
de traslación, y que en todos estos movimientos se presentaba siempre inclinada
hacia el Norte.
Después de unos dos minutos de duración
del movimiento giratorio de la mesa, haciendo un esfuerzo sobre ella los
individuos de la cadena, se detuvo y las personas volvieron a sentarse; bien
pronto se presentó de nuevo el movimiento oscilatorio y enseguida el giratorio,
siendo más rápido que la vez primera; pero habiéndose caído una de las personas
que formaban la cadena, la mesa quedó instantáneamente inmóvil; más como la
misma persona volviese a cerrar el círculo con mucha presteza, aún no habían
transcurridos dos minutos que la mesa estaba ya girando, interrumpióse otra vez
el movimiento, y pudieron entonces observarse muy bien las oscilaciones”.
Al poco
de conocerse las capacidades de las mesas giratorias, se empezaron a crear
obras cómicas como “La mesa giratoria o la fuerza del magnetismo” y
polkas, mazurcas y otras piezas musicales como “El sombrero giratorio”, ”La
mesa giratoria”, “El mundo giratorio” o “Perros y gatos giratorios”,
entre otras muchas.
Si el pueblo de Madrid había acogido con entusiasmo la nueva y
misteriosa “ciencia”, la Casa Real también se sintió atraída por el asunto. En
el periódico El Heraldo Médico, el cirujano de tercera don José Gutiérrez de la
Vega, así lo aseguraba al relatar el suceso ocurrido en el Palacio Real de
Aranjuez el 8 de mayo de 1853 en presencia de toda la familia real. Tan
fascinada quedó la reina Isabel II con la sesión que allí se realizó, que quiso
repetirlo en la Casita del Labrador al día siguiente, invitando al evento a
varias personalidades de la corte. El reputado señor Salamanca, don José,
también sucumbió a la sugestión popular de la cadena magnética, haciendo
sesiones en su palacio del Real Sitio.
Una de las más “escalofriantes sesiones”, según la expresión que
utilizó el reportero, fue la que realizó en el verano de ese año, en su casa de
Aranjuez, el médico del Real Patrimonio, don José Viviano junto con sus dos
hijas y su amigo Juan Mieg, conocido personaje dentro del mundo científico de
la época. Este, días después de celebrar la sesión, escribió una misiva al
director del diario La España, dando cuenta del experimento, y relatando con
todo detalle, cómo la mesa que usaron como “interlocutora de los espíritus”
respondía a las preguntas que se le hacía, del tipo: “cuantas personas
estamos en esta sala”; de qué color es el pañuelo de la señorita a mi
izquierda”; o “cuántas monedas tengo dentro de mi mano”. La mesa
contestaba con unos lacónicos monosílabos: daba un golpe con una de sus patas
para contestar SI o dos para decir NO. Y según el señor Mieg, acertó todas.
Como decía anteriormente, la reina Isabel II quedó tan impactada con la
sesión que se celebró en el Palacio, que quiso repetirlo en la Casita del Labrador con la presencia de varios invitados. Así, el
día 9 de mayo, las mismas personas que realizaron la sesión del día anterior en
el palacio se dieron cita en la Casa del labrador.
A las cinco de la tarde, llegaron S. M. la Reina Isabel, S. M. el Rey, y
S.A.R. la Princesa de Asturias, con sus respectivas servidumbres; también, como
invitada de honor, acudió S. M. la Reina Madre, acompañada de sus dos hijas
mayores y el doctor Rubio, médico personal de la Reina Mª Cristina. El
secretario personal de la Reina Isabel, aconsejó, por precaución, que nadie de
la familia real tomase parte de la sesión, a lo que sus miembros accedieron.
Tuvo la reina la deferencia de llamar a su presencia a los caballerizos de
campo y oficiales de las escoltas para que presenciasen el fenómeno de primera
mano, formando parte de la cadena magnética para que “experimentasen en sí
mismos, y viviesen lo que nunca habían visto” según palabras de la soberana.
La levitación de la mesa y otros objetos, el girar sobre sí mismo de
algunos de ellos, y cuantas tentativas se realizaron, tuvieron el éxito más
completo. SS.MM. gratamente complacidas, así como todos los invitados, se
retiraron a sus aposentos bien entrada
la noche.
El periódico La España, en su tirada del día siguiente al de la sesión,
dio una cumplida y extensa noticia de lo acontecido el día anterior y entre
otras consideraciones decía: “Reunidos en la Casita del Labrador en
Aranjuez, las augustas personalidades vieron como una mesa y otros objetos
giraban gracias a una cadena de magnetismo creada por cinco personas. En un
momento, la mesa había cogido gran velocidad, oscilando de un lado a otro, y
haciendo que uno de los participantes saliese despedido por los aires.
Inmediatamente, al cortarse la cadena de energía, la mesa quedó quieta.”
Con el tiempo aparecieron los "médium", personas con
capacidad para comunicarse con los espíritus o, en su defecto, espabilados
de turno con buenas artes para el engaño y expertos en escenografías propicias
para la sugestión.
A partir del año 1854 el auge de los fenómenos magnéticos-giratorios fue remitiendo, quedando relegado a alguna aparición esporádica en las noticias, pero siempre relacionado con el espiritismo, que iba cogiendo fuerza. Pero para la posteridad quedaron LOS EXPERIMENTOS DE ESPIRITISMO REALIZADOS EN PALACIO REAL Y EN LA CASA DEL LABRADOR, EN ARANJUEZ.


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