ROBOS, HURTOS Y SUSTRACCIONES.
EL CASO DEL PAJARILLO DE MARFIL
Quien haya visitado la popularmente conocida como Casita del Labrador, en Aranjuez, -se concibió como pabellón de caza del rey Carlos IV y en realidad es un palacio suntuoso- habrá tenido la oportunidad de constatar la enorme cantidad de obras de arte, en sus diferentes disciplinas, que allí se dan cita. En sus diversas y espléndidas dependencias cuelgan lámparas de bronce y cristal; pinturas y estucos elaborados por algunos de los más ilustres y reputados pintores de la época; suelos de mármol con incrustaciones, en algún caso, de auténticos mosaicos romanos; paredes bellamente decoradas por renombrados maestros franceses, sedas, muebles, relojes...y un larguísimo etcétera, que no es el cometido de este artículo describir; baste echar una ojeada a cualquier libro o folleto turístico existente actualmente para poder comprobarlo con todo lujo de detalles.
Sin embargo existen otras piezas dentro de este pequeño palacio que, al ser más pequeñas, y sin dejar de ser por ello obras de arte, suelen pasar desapercibidas porque la vista tiende a irse hacia creaciones más grandes y visualmente atractivas, y, una de estas diminutas maravillas es una pequeñísima figura conocida como "el pajarillo de marfil".
Pajarillo en marfil de autor anónimo
No hay datos concretos para determinar de qué época data esta minúscula escultura, (los especialistas la encuadran hacia el primer tercio o mediados del siglo XIX) que está realizada en una sola pieza de marfil macizo y describe, a tamaño natural, el cuerpo inerte de un pajarillo, que parece ser un gorrión, especie muy abundante en los jardines y entornos de la población. La posición en la que yace, está asombrosamente conseguida, además de poseer multitud de detalles extraordinariamente ejecutados como el plumaje, las pequeñas patitas, las alas... que hace que su contemplación pausada no deje indiferente al espectador.
Actualmente ni su imagen ni su descripción figura en ningún libro ni folleto divulgativo turístico, aunque los guías de Patrimonio Nacional sí hacen referencia a él cuando explican las distintas obras de arte de cada estancia, sin embargo sí que lo hacían en los editados en los años 20 del pasado siglo, donde incluso formaba parte de la colección de postales que sobre la mansión regia se editaban.
Su ubicación ha ido alternándose en las distintas salas en función a la época en la que nos encontremos. En esos años 20 del pasado siglo se la podía contemplar dentro de una urna de cristal, encima de una consola, en la pieza llamada "El retrete", que es donde la sitúa la Guía Tormo editada en ésa época; el autor de esta guía consideraba autor de la talla a Jean Demontreuil, aunque sin mucho convencimiento, tal vez por otra, esta sí, que el artista holandés realizó en 1795 en madera y muy parecida a la que nos ocupa.
Pajarillo de madera de Jean Demontreuil
Más tarde, ya en los años 50, es trasladada a la "Sala de Billar", también encima de una consola, y de allí, unos años después, a la "Saleta del Cristo" o "Pieza Grande de Luis Japelli", donde es vuelta a mudar, y donde se encontraba hasta el desmantelamiento de toda la decoración del palacete que se ha hecho por las reformas que se están llevando a cabo actualmente.
Pero ¿de qué manos salió esta bellísima figura? En realidad no se sabe a ciencia cierta; una de las teorías y según el mito popular, la figura la realizó un preso de nombre desconocido y fue un regalo que le hizo a la reina Isabel II. Esta, siempre según la leyenda, al contemplar tanta belleza, hizo gestiones para lograr su excarcelación. Otras fuentes sitúan la obra salida del taller del Buen Retiro, y, según Elías Tormo, catedrático de Historia del Arte en los años 30 del siglo pasado, la pieza salió de las manos de Demontreuil, como anteriormente dijimos, pero en ningún caso hay documentos que acrediten cual de todas es la verdadera.
Pero nuestro protagonista, no lo es en este artículo por ser pieza de bellísimo arte, que pudiera serlo por méritos propios, sino porque cierta noche, el pajarillo "voló" de su emplazamiento: en sentido figurado, claro está.
Serían las 7 de la mañana del 20 o el 21 de Diciembre de 1873, que el día exacto no está muy claro, cuando uno de los vigilantes que comenzaban su ronda diaria por las dependencias, observó que el fanal de cristal, donde la pequeña escultura se situaba, estaba echa añicos. Los trozos de vidrio esparcidos por el piso atestiguaban que el ladrón o ladrones habían sustraído el objeto con prisas y dejado caer el fanal al suelo: el pajarillo había "volado".
Se dio la voz de alarma y, siguiendo el protocolo, el vigilante avisó a su superior inmediato y, éste al Administrador, que a su vez dio parte a Madrid, y, desde allí, con las órdenes oportunas, se personaron varios miembros de la policía que tras revisar la zona donde se produjo el robo, comprobaron que la puerta de acceso a la sala no tenía la cerradura forzada. Tras el primer examen ocular, procedieron de inmediato a interrogar a varios de los subalternos que estaban destinados a las labores de custodia y vigilancia de las obras de arte de la Casita del Labrador, verificando rápidamente que ninguno de ellos tenía que ver con el robo.
La prensa, una vez constatada la veracidad de la noticia, se hizo eco del saqueo, y el diario La Iberia, en su edición del 23 de diciembre de 1873, insertaba en primicia un escueto comunicado: Ha sido robado en la casa llamada del Labrador, perteneciente a los bienes que constituyeron el patrimonio de la corona en Aranjuez, un pájaro de marfil de bastante valor por su gran mérito artístico".
Fueron pasando los días y la pieza no aparecía. Los pasos de la autoridad eran lentos, se avanzaba poco, pero eran seguros, ya que poco antes de cumplirse las dos semanas de la sustracción, la policía detuvo a un individuo en Madrid cuando intentaba vender el objeto a un marchante sin escrúpulos. El mismo diario que dio la noticia en primicia de su desaparición, insertó en la edición del 4 de enero de 1874 la siguiente crónica: "El pájaro de la Casa del Labrador de Aranjuez, que fue robado ya hace algún tiempo, fue anteanoche recuperado por los agentes de la autoridad en el momento que cierto sujeto, que fue preso, estaba tratando de su venta".
Con gran alegría se recibió esta noticia por parte de todos los empleados de la dependencia Real, que vieron como el pajarillo volvía a su "nido". Los nombres del autor del robo y del marchante, no se sabe bien el motivo, fueron silenciados, por lo que no hay constancia de quiénes fueron ni el ladrón ni su cómplice.
A partir de esta fecha, en los distintos libritos y folletos de turismo que se editaban de la Casita del Labrador, al describir la talla de marfil, se insertaba la noticia de su robo y posterior recuperación, con más trazas de suceso anecdótico, que como relato verdadero del suceso, por lo que la figurita, en aquellas fechas, paso a convertirse en una celebridad artística largamente admirada por los visitantes.
Fuentes: Diario La Iberia en sus ediciones del 23 diciembre de 1873 y 4 de enero de 1874
Guía Turística Tormo, edición de 1929.
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