LA GUERRA Y EL PATRIMONIO ARTÍSTICO DE ARANJUEZ


     Todo aquél visitante foráneo o local, que decide  admirar  los suntuosos edificios palaciegos de Aranjuez, - el Palacio Real, La Casita del Labrador, e incluso el Museo de Falúas Reales, aunque en esta última construcción lo verdaderamente importante es lo que contiene en su interior y no la edificación en sí misma -, sale maravillado con lo que los guías de Patrimonio Nacional les han ido explicando de lo existente en las distintas salas visitadas. El exquisito mobiliario, los delicados relojes y tapices, los maravillosos cuadros que cuelgan de sus paredes, o los admirables estucos y porcelanas, entre otras piezas artísticas que en su momento hicieron las delicias de sus augustos moradores, hacen que por unos momentos nos traslademos a siglos pasados y sintamos el esplendor de cómo puso ser la Corte en aquellas remotas fechas.

     Sin embargo, todo ese contenido tiene detrás una pequeña historia, poco conocida, que me gustaría compartir.

     Entre julio de 1936 y abril de 1939, España vivió uno de los episodios más trágicos y sangrientos de su historia: la Guerra Civil. Este vergonzoso acontecimiento supuso un enorme socavón demográfico, económico, cultural y artístico. En el contexto de esto último, miles de obras de arte como lienzos, esculturas, mobiliario, legajos, libros antiguos y otras expresiones culturales y artísticas, de una riqueza histórica y plástica impresionante, quedaron destruidas, desaparecidas o expoliadas.







     En algunas ocasiones, los mandamases de turno de las distintas localidades, en un alarde de sensibilidad, unas veces real y otras fingidas por algún oscuro motivo, ocultaron o protegieron debidamente sus pequeñas y grandes obras de arte locales para evitar los destrozos que pudieran recibir de los ataques del bando contrario. Puntualmente, la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico[1] realizaba descripciones, a veces muy pormenorizadas, del estado de conservación de las obras y dictaminaban sobre la conveniencia o no de su desmontaje. Alejandro Ferrant y Thomas Malonyay[2] desaconsejaron, por ejemplo, el desmontaje del Salón de Porcelana del Palacio por ser una obra de extrema delicadeza que requería tiempo y operarios aptos (la evacuación del resto de obras artísticas de Palacio la estaba realizando con toda urgencia personal del Cuerpo de Carabineros), por los elevados gastos que originaría la operación y por la dificultad de montarlo nuevamente en las mismas condiciones dado que el valor de dicho salón estriba principalmente en su conjunto actual.  En otras, la falta de medios, la indolencia artística o la animadversión política o religiosa, supusieron para estas obras su destrucción. En este último caso, por el simple hecho de que el lienzo, el libro o el busto tuviesen alguna connotación religiosa  o motivo dogmático. Baste como ejemplo un episodio local: la imagen de gran tamaño del Sagrado Corazón que estaba en un pedestal junto a la iglesia de Alpajés, fue derribada, decapitada y parcialmente destruida por unos vándalos. Según rumores de la época, la cabeza fue arrojada a un lugar desconocido del río Tajo. El resto de la estatua, descabezada, la podemos ver hoy dentro de la mencionada iglesia. 

     Aranjuez, durante la contienda, estaba enclavada militarmente en la zona republicana, y según nos relata Fernando Jiménez de Gregorio en su libro MEMORIA DE UN MILICIANO DE LA CULTURA EN ARANJUEZ: “Aquí estaba encuadrada la 9ª División, y dentro de ella la 18 Brigada Mixta, donde se creó  LA MILICIA DE LA CULTURA, que tenía por misión primar la enseñanza y la cultura de los soldados. No se trataba de un cuerpo especial, sino un conjunto de soldados, en general con el título de maestros o similares, con el mismo haber que el resto de los soldados, esto es 10 pesetas”. Imprescindible su lectura “para adentrarse en algunos de los episodios menos conocidos de la guerra civil”, como nos dice muy acertadamente en su prólogo el cronista de Getafe, Manuel de la Peña.

    Al poco de entrar las tropas republicanas en la población de Aranjuez, y a petición de La Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, se realizó un inventario, como explicábamos antes, de las obras de arte existentes en las dependencias Reales, es decir: Palacio Real, Casita del Labrador y Casa de Marinos.






                       [3] Actas del inventario de obras de arte del palacio de Aranjuez en agosto de 1937




     Leyendo detenidamente la relación de obras de arte del inventario, hasta 82 piezas, llama la atención el título de algunas de las obras, fácilmente reconocibles, como La Virgen de la Leche, el Rapto de Europa, Expulsión de los Mercaderes, y muchas más, todas estas del siglo XVI, XVII y XVIII y de reconocidos autores. Sería interesante saber dónde o en manos de quién están actualmente algunas de esas 82 piezas.

     Finalizada la guerra, el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (SDPAN), organismo creado en 1938 por los franquistas, se ocupó de intentar recuperar las obras desaparecidas de cada pueblo y ciudad, algo que no siempre ocurrió, nombrando agentes más o menos cualificados para ello. Solían ser personas vinculadas al mundo de la cultura antes de que estallara la guerra como pintores, escultores, literatos, archiveros, restauradores de arte, etc. En Aranjuez, el agente encargado de realizar las inspecciones de las distintas dependencias palaciegas fue Ángel Oliveras Guart, pintor, discípulo de Sorolla y Romero de Torres entre otros grandes artistas y alumno aventajado de las técnicas de Santiago Rusiñol, del que estuvo influenciado artísticamente. Fue, además, Académico de Bellas Artes y un alto cargo dentro del organigrama de Patrimonio Nacional en la década de los años 50-60-70 del pasado siglo.

     El 4 de Abril de 1939, tres días después de finalizada la guerra, Oliveras recibió la orden desde las instancias superiores del nuevo régimen, de documentar el estado en que se encontraban las riquezas artísticas de las distintas dependencias Reales situadas en Aranjuez.  Este, tras realizar las visitas de rigor de todos y cada uno de los cuartos, tanto del Palacio Real como de la Casa del Labrador y de la Casa de Marinos, realizó un informe conjunto de las tres estancias[4]. Voy a transcribir literalmente el testimonio, que no es muy extenso, porque lo que se dice en él es algo sorprendente, tal vez algo surrealista para muchos, dentro del contexto de lo que supone el vandalismo cavernícola de la destrucción por el simple hecho de destruir, pero me aventuro a creer que ocurrió de verdad, y seguro que va a herir alguna sensibilidad. Dice así:


 

AGENTE: Ángel Oliveras

 

OBJETIVO: Real Casita del Labrador.

                     Han desaparecido del mismo todos los muebles, relojes, [y] cuadros por orden del Gobierno marxista.

                     La célebre habitación, llamada Del Platino, cuyas paredes estaban cubiertas de maderas finas con apliques pictóricos espléndidos, ha[n] sido arrancados de cuajo con piquetas, habiendo desaparecido totalmente esta habitación; según inventario de su época había costado 3.500.000 ptas. La barandilla de la escalera principal de bronce con baño de oro, en la cual se invirtió 800 onzas, también ha desaparecido; las habitaciones de la parte baja, sin gran valor artístico, han sufrido desperfectos por haberse habilitado de cuartel de los anti-tanques. Está[n] precintada[s] todas sus puertas y se ha establecido desde el primer momento una vigilancia exterior a cargo de la Guardia Civil.

 

 

OBJETIVO: Palacio Real.

 

                     Ha[n] desaparecido todos los cuadros, muebles, [y] relojes por orden del Gobierno rojo; con posterioridad y por personas desconocidas fueron sustraídas algunas cosas de escaso valor artístico. [En] La célebre habitación de porcelana del Retiro, se han destruido los brazos que servían de candelabros, el resto de la habitación se encuentra perfectamente.

                     En la parte baja del mismo Palacio se había instalado el Tribunal Militar Permanente, en donde se han encontrado gran número de cuadros, muebles, relojes, vajillas, alfombras, etc, que pertenecen a los Duques de Fernán-Nuñez de su finca “La Flamenca”, que fue incendiada.

                     También en otra habitación que servía como almacén de cosas de incautaciones se han encontrado más objetos pertenecientes a La Flamenca y a la Marquesa de [A]Tarfe, que de esta colección han desaparecido los objetos de más valor, porque fueron enviados a Valencia, de todo lo cual se tiene una relación.

                     La Casa llamada de Marinos, donde se conservan las falúas de los Reyes, de escaso valor artístico, se encuentran intactas.

                     En la Casita del Labrador se conservan los bustos de los 16 filósofos de Grecia, los auténticos, de gran valor.

 

 

PRECINTOS:

                    

                     En la Casa del Labrador, cuatro precintos con mi firma.

                     En el Juzgado Militar, tres.

                  En Palacio no se han puesto por haber ordenado una vigilancia interior dada la enorme extensión del edificio.

 

 

 

                                                           El Agente

                                                     

                                                     Ángel Oliveras Guart (rubricado)

 

 

 

Madrid, 4 de Abril de 1939

Año de la Victoria.






                                          La Sala de Platino antes de 1936




 

                                         La Sala de Platino después de 1936

                                    



     A título de curiosidad y para entender mejor este artículo, según la base de datos creada por un equipo de investigación comandado por el historiador Arturo Colorado, autor del libro ARTE, BOTÍN DE GUERRA, “…se registraron 16.503 obras de arte recogidas tras el final de la guerra en toda España, de las cuales 8.710 fueron entregadas en depósito por los responsables franquistas del Sdpan. El resto fueron devueltas a sus legítimos propietarios o se ha perdido la pista. Hubo 3.761 depósitos en 35 museos, 2.040 fueron a la Iglesia, 579 a particulares y 2.330 a distintos organismos”.

     Cabría significar, que no siempre las obras devueltas fueron a parar a sus verdaderos propietarios.

     Y otro dato complementario más, ajeno a la aversión religiosa y que tiene que ver con la presencia de combatientes extranjeros en la contienda: el informe que otro agente envió al general Espinosa de los Monteros el 26 de abril de 1939, y que rezaba así: «Las confidencias recibidas en este Servicio me obligan a comunicar a V.E. que el paso de las tropas italianas por el Palacio Real de Aranjuez ha coincidido con la desaparición de una considerable cantidad de porcelanas y piezas de cerámicas que lo exornaban».

     Rapiñas y vandalismo las hubo en los dos bandos.

     Ateniéndose a toda la información de este artículo, el avezado lector podrá sacar sus propias conclusiones.

     Añadir, que tras la invasión napoleónica, este fue el segundo gran expolio que sufrieron en Aranjuez las pertenencias de la Corona y por extensión, del Estado, o lo que viene a ser lo mismo: nuestro patrimonio.

     En definitiva y como conclusión, este es, en parte, el precio que la sociedad paga por  la guerra, por las malditas guerras, sin dejar de lado, obviamente, el más importante, el de las vidas humanas.

 


[1]  La Junta de Incautación  y  Protección del Tesoro Artístico se crea en Madrid el 23 de julio de 1936, tan sólo cinco días después de la sublevación militar, ante la amenaza inicial que representaban para la conservación del patrimonio histórico las destrucciones de bienes eclesiásticos y ocupaciones de conventos y palacetes por organizaciones obreras y unidades militares. A ello se añadieron, en poco tiempo, las nuevas estrategias bélicas basadas en los bombardeos aéreos de poblaciones y objetivos civiles, que ponían en serio peligro la pervivencia de nuestro patrimonio. Es evidente que no siempre  se consiguió. 

[2]  Pintor húngaro. Uno de los personajes más injustamente olvidados de  todos cuantos trabajaron al servicio del patrimonio artístico en aquella época, primero en Toledo y más adelante en Madrid y la zona centro. Significar su empeño en preservar la riqueza artística de Aranjuez.

[3]  Actas de las entregas de objetos de  los palacios de Aranjuez, pertenecientes al Patrimonio de Bienes de la República, para su traslado a Valencia. Contiene el informe de la Junta sobre desmontaje del Salón de Porcelanas (febrero-marzo de 1937)

[4] Este documento está en el ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL, sección Guerra Civil.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy interesante.... Lo guardo con tu permiso
caminante camino camino ha dicho que…
Un lujito José.. Gracias por compartir.

Entradas populares de este blog

REAL CÉDULA PARA SUFRAGAR GASTOS PARA LA GUERRA. Aranjuez, 27 de mayo de 1798