ROBOS, HURTOS Y SUSTRACCIONES.        


                 EL CASO DE LA MOMIA DESAPARECIDA 



         
                                                                                                        Graffiti de Abargues en el templo de Abydos


     Si alguien tiene la oportunidad de viajar a Egipto y se acerca a contemplar los templos de Abydos y Dendara, podrá observar, si tiene suerte y lo encuentra, algo muy curioso: un "graffiti" realizado por el arquitecto español Juan Víctor Abargues de Sostén, en la campaña que este viajero y arqueólogo aficionado efectuó bajo los auspicios del gobierno de España, entre 1877-1878, auspiciado por el marqués de Urquijo como mecenas, para reunir piezas egipcias y poder exponerlas en el Museo Arqueológico Nacional, inaugurado por Amadeo I unos años atrás. 

     Juan Víctor Abargues, según algunos analistas, nació en Valencia en 1845, fue un arquitecto de reconocido prestigio, con muchos medios económicos y bastante bien relacionado políticamente. Parece ser que visitó Egipto por puro placer, como turista, a mediados del siglo XIX, y fue entonces cuando comenzó a adquirir piezas para su colección particular, entre las que cabe destacar un conjunto de amuletos de fayenza, collares, vasos de alabastro, ushebtis, estatuillas de divinidades de bronce, algo más de cien monedas, y otros objetos más, todos de gran valor histórico. Se desconoce el contexto arqueológico de todas ellas, aunque según Abargues, procedían del Alto Egipto, principalmente de los templos de Abidos, Luxor, Dendara y Edfú, según consta en el inventario que en su día se realizó de cada objeto. Las piezas fueron adquiridas por compra por el Museo Arqueológico Nacional en dos lotes distintos; el primero, el 3 de Abril de 1877 y el segundo, el 27 de Septiembre de 1879, y en esta segunda venta es donde estaba enmarcada la momia desaparecida, y por aquí arranca nuestro relato. 

                                                                         

                                         Vendedor ambulante de momias. Siglo XIX. Una momia similar a esta fue la robada en la estación de FF.CC. de Aranjuez

      Los grandes museos europeos empezaron a atesorar importantes colecciones de arte egipcio durante los siglos XVIII y XIX, donde las piezas más cotizadas eran las momias. Usadas como medicina durante mucho tiempo, las momias egipcias se convirtieron, en esas fechas, en objeto de morbosa curiosidad y, posteriormente, en objeto de estudio. Durante gran parte del año 1878, Abargues realizó varias expediciones por el Alto Egipto y Abisinia (actual Etiopía) con el fin de reunir para posteriormente vender al Museo Arqueológico las piezas adquiridas, entre ellas una momia, objeto estrella de cualquier museo que se preciara.  A finales de ese año, el egiptólogo aficionado, había reunido una cantidad considerable de objetos arqueológicos, en los que invirtió alrededor de 10.000 pesetas de la época en su compra, que embaló en 6 sólidas cajas de madera, llevó al puerto más cercano y metió en el primer barco comercial que zarpaba para España, siendo el puerto de destino y desembarco Valencia. 


Escarabeo de la colección vendida por Abargues al MAN y que se encontraba en otra de las cajas que los ladrones no tocaron

     A su puerto de el Grao llegaron a mediados del mes de enero del año siguiente, 1879. Una vez pasados los trámites reglamentados en la aduana, se procedió a cargarlas en el tren de mercancías consignado con el número 101 de la Compañía MZA, siglas de la Compañía de ferrocarriles Madrid-Zaragoza-Alicante, donde deberían llegar al día siguiente al de su expedición tras algunas breves paradas reglamentarias para comprobación, por seguridad, de algunas piezas mecánicas de la locomotora en distintas estaciones, entre ellas la de Aranjuez, donde al llegar se hizo la última comprobación de las 6 cajas, verificando que estaban bien aseguradas y en perfecto estado. Al llegar a la estación de destino, Atocha, y al comenzar a cargar las cajas en los carros que habían de llevarlos al museo para desembalar y catalogar las piezas, en vez de 6 cajas, sólo había 5. En la estación de Aranjuez había desaparecido la caja número 3.

     Casi al mismo tiempo, en el pueblo, se dio parte a la guardia civil del hallazgo de una cabeza humana, en estado acartonado, entre los escombros de un vertedero existente en aquella época cercano a la plaza de toros. Se personaron al lugar dos agentes, dictaminando en su informe que "por su aspecto, parece que la cabeza lleva allí unos 50 o 60 años".  (En ningún momento se les pasó por la cabeza, valga la redundancia, que lo que estaban viendo tenía 3.000 años de antigüedad).

     Abargues, rápidamente se personó en la estación de Aranjuez, para intentar aclarar qué había ocurrido con la caja número 3. El jefe de estación, negó tener alguna responsabilidad en el robo, por lo que el egiptólogo acudió al cuartel de la benemérita a poner la correspondiente denuncia, algo que también hizo en el juzgado del distrito de Palacio en Madrid.  En ella, dio a conocer los detalles del contenido del embalaje sustraído: un evangelio del siglo IX con 210 páginas en pergamino con letras capitulares en oro, escrito en copto y encuadernado en madera de sándalo con incrustaciones de plata y broche de oro; dos puñales abisinios; dos pieles de tigre, varias estatuas de dioses egipcios; otras más de escarabajos...y una momia. El resto de las cajas contenían bajo-relieves, colecciones de minerales y botánica y objetos más comunes. Estaba claro que los ladrones sabían en qué caja estaban los objetos de más valor.

      El afectado realizó indagaciones preguntando al personal de la estación y entre la población, pero sin resultados, por lo que interpuso una demanda judicial a la compañía del ferrocarril, pidiendo que se le indemnizase con la cantidad de 10.541 pesetas con 25 céntimos, que era en lo que tasaba las pérdidas sufridas.

     Mientras tanto, en Aranjuez, había empezado a correrse la voz de que la cabeza encontrada entre los escombros del vertedero, formaba parte de las antigüedades que llevaba la caja desaparecida, concretamente la de una momia, y que estaba consignada al Museo Arqueológico en Madrid. El morbo estaba servido. La prensa, ante el curioso robo, cargaba las tintas contra la dirección de la empresa ferroviaria, haciendo hincapié en "la necesidad que tienen las empresas de ferrocarriles de vigilar cuidadosamente y custodiar lo que a ellas se entrega, pues son tan frecuentes las faltas que se cometen, tantos los objetos sustraídos, los cajones abiertos y los encargos que desaparecen, que, de seguir así, el público andando el tiempo, podría retraerse de enviar nada por el ferrocarril..."

     Pasaron los días y, ni el resto de la momia apareció, ni tampoco los objetos que la acompañaban. La cabeza, que había quedado custodiada en el juzgado de Aranjuez, tras un examen más exhaustivo, se dató por los "expertos" en "cerca de siete mil años atrás", según publicó el diario La Correspondencia.

     Habría que esperar hasta el 15 de Diciembre de 1881 para conocer el fallo que el juez Francisco Tordá dictó sobre el caso: Exoneró a la compañía MZA absolviéndola de cualquier  responsabilidad en el robo, condenando a Juan Víctor Abargues de Sostén al pago de las costas procesales. 

                                                                                Sentencia de condena al pago de costas


        Abargues,  continuó   con   sus   idas   y   venidas  a  Egipto  y  Etiopía,   realizando   excavaciones patrocinadas    por    la    Sociedad    Geográfica    de    Madrid,    - donde    por    cierto,  en   una  de ellas, descubrió la tumba de Cristóbal de Gama, hijo del navegante Vasco de Gama,  cerca de la capital etíope-   por lo que tuvieron que insertar edictos en la prensa, instándole a presentarse  en  el juzgado y pagar las costas procesales a las que había sido condenado.


                                                    
                                                                                                          Requerimiento de personarse en el Juzgado

     

     Finalizando el artículo, diremos que nunca se supo qué pasó con lo robado, quién o quienes fueron los autores, y sobre todo dónde fue a parar la momia. Actualmente, en el Museo Arqueológico Nacional, están expuestas las piezas que Abargues les vendió. También hay tres momias egipcias. Bien podría ser una de ellas la robada en Aranjuez, aunque en el inventario del Museo están provisionadas como compradas al egiptólogo español Eduardo Toda.

     Juan Víctor Abargues de Sostén, arquitecto, diplomático, aventurero, explorador y arqueólogo aficionado, tras realizar numerosas incursiones en el país de los faraones, navegar por el Mar Rojo y el Nilo y ser una celebridad, falleció en Madrid en la más absoluta indigencia en un humilde albergue a los 75 años de edad.

 

Juan Víctor Abargues de Sostén en su época de vicecónsul 
 


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